lunes, 3 de septiembre de 2012

Cartas de Francisco Pancho Ramirez

Cartas de Francisco Pancho Ramirez


Tarde de Cepeda. El día anterior se han avistado los dos ejércitos: el porteños y el federal. Las tropas que manda Ramírez son inferiores en número pero están vigorizadas por un fervor de que carecen las fuerzas directoriales, Ramírez maniobra con sus tropas durante la noche y al amanecer se lanza a la carga. Un loco desparramo dispersa al grueso de las tropas de Rondeau. Han triunfado los bárbaros.... Exaltado por la victoria, Ramírez envía su parte al gobierno de Entre Ríos. El documento contiene una inexactitud de información y una jactancia pueril: afirma que Balcarce ha muerto - lo que no es cierto- y amenaza con degollar a todos el que no se rinda - bravata que no cumplirá -. El vencedor tiene 32 años...
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" Gloria a la patria y honor a los libres. Triunfaron los libres en la inmediación de Pergamino contra el Tirano Porteño el día 1º Febrero. El 31 de Enero marché sobre el enemigo que se halla en dicho punto. A las doce del día fue descubierta su fuerza que sería como de 1.000 hombres. En el momento se emprendieron fuertes guerrillas en que se las mataron algunos, sin desgracia para nuestra parte. A las doce de la noche mudé de posición en circunstancias que encontré al enemigo en marcha. En el momento hice cargar una columna sobre ellos, y le quité la caballada y ganado y se replegaron al lugar; hoy al ser de día dispuse atacarlos haciendo cargar una división por retaguardia y dos por los flancos; en menos de un minuto fue dispersada toda su caballería, que en el campo más de 300 cadáveres entre ellos más de veinte oficiales entre ellos Don Diego Beláustegui. Hasta ese momento no aparece el comandante Piris que va persiguiéndolos. El resto de enemigos se halla atrincherado en sus carretas pero todos a pié; pienso que no tienen otro remedio sino rendirse a discreción, de lo contrario voy a pasar a degüello a todos. De nuestra parte no ha habido mas desgracias que el Comandante Don Juan María Rema, herido, y el Comandante Don Manuel Carrosa herido, e igualmente el Alférez Din Cirilo Grance.
El director me aseguran ha quedado en las trincheras, no escapará. Es cuanto tengo que comunicar a V.E.

Salud, Gloria y Libertad.
Francisco Ramírez

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Campo de Batalla, Febrero 1 de 1820.
P/D - Ha muerto el famoso Don Juan Ramón Balcaece.

Al otro día de la victoria, exultante todavía con el triunfo, Ramírez escribe al comandante Aniceto Gómez, encargado del cuartel general anoticiándolo del suceso. Pasado el momento del combate, Ramírez formula algunas reflexiones interesantes sobre el sentido anti-monarquista de su lucha:

" Son infructuosos todo los esfuerzos que haga la Administración de Buenos Aires para la revolución refluya a favor de los enemigos de la libertad de los Pueblo; la Providencia dirige nuestros pasos y vela por nuestra conservación.
El año 20, decían los aristócratas, era el que debía marcar el fin de la revolución, estableciendo el poder absoluto para consumar nuestro exterminio repartiéndose entre sí los empleos y riquezas del país a la sombra de un niño coronado que ni por si ni por la impotente familia a que pertenece podría oponerse a la regencia establecida intrigante establecía y sostenía por ellos mismos. Llenos de orgullo y de confianza en sus combinaciones, acercaba 8.000 hombres de las mejores tropas de la Nación para imponer obediencia y terror a los Libres, cuando acontecimiento extraordinario han vuelto en nuestro favor casi todas aquellas bayonetas, que protegidas por la general decisión de los pueblos presentan barrera impenetrable a la tiranía y la ambición.
El Jefe Oriental castiga por aquella parte a los portugueses (Ramírez ignoraba que a esas fechas Artigas ya había sido derrotado en Tacuarembó y obligado a abandonar su país) mientras que por esta se dan repetidos golpes a los tiranuelos de su Patria; el día de ayer no se borrará de la memoria de los tiranos que pretenden oprimirnos. Ellos han sido escarmentados y difícilmente volverán a aparecer delante de nuestros heroicos soldados; un puñado de ellos basta para castigar al Supremo Director de la Nación, que había reunido cuantos recursos ofrece la rica Provincia que aun manda. A la primera carga huyó despavorido, confiando su salvación de sus caballos.
Después de este suceso y en circunstancias de estar todas las provincias en Libertad decididas para sostener sus derechos sacrosantos, no queda otro recurso al pueblo de Buenos Aires que el de hacer la reforma que no ha podido ejecutar antes por temor al castigo. Entonces desaparecerán las vanas esperanzas de los desnaturalizados de la ciudad y campaña de Montevideo, que estoy seguro encontrarán en el coronel Rivera un constante perseguidor de sus crímenes.
Activamos nuestras disposiciones para aumentar las fuerza de nuestro mando a fin de no retardar el día grande nuestra paz interior. Casi me atrevo a pronosticar a V. Que hemos de celebrar muy en breve tiempo. Hoy oficio desde este campo de batalla al Cabildo de Buenos Aires y espero con fundamentos felices resultados.
Dios guarde a V. Muchos años.
Campamento General en la Cañada de Cepeda, febrero 2 de 1820.


Francisco Ramirez

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Después de firmado el Tratado del Pilar, apresuró Ramírez su regreso a Entre Ríos. Allí había un problema para liquidar: Artigas. El caudillo oriental, batido por los portugueses en Tacuarembó, había pasado el río Uruguay y se preparaba a ocupar toda la Mesopotamia, acusando a su antiguo lugarteniente de traición por haber firmado un convenio con " la facción directorial entronizada en Buenos Aires". Reprocha Artigas a Ramírez el no haber exigido a Buenos Aires una inmediata declaración de guerra a los portugueses que ocupaban la Banda Oriental y le enrostraba mostrarse "indigno de la confianza que le hicieron los Pueblos e ingrato de los beneficios que ha recibido de su Protector"
Lo cierto es que el liderazgo de Artigas se hacía ya pasado a Ramírez, que después de Cepeda se sentía con vuelo propio para realizar sus propias concepciones políticas sin depender del viejo jefe, derrotado y arrojado a su propio suelo, seguido por una horda que no podía controlar.
A las acusaciones de Artigas contestó Ramírez con esta carta que expone todo un programa nacional. Merece la pena leerse en extensión:


" Muy pronto aparecerá por el juicio de la Nación, la naturaleza de los motivos que fundan mis sospechas, sobre sus pasos hostiles contra la Provincia de Entre Ríos. La oportunidad con que han aprestado las tropas de V.E. en el tiempo de su importancia para penetrar en las provincia, que tienen sus jefes naturales, ha dejado traslucir una mira de dominación, que sólo desconocieron los pueblo9s alucinados con su pretendida protección. Ha llegado ya el momento que una repetición de actos tiránicos, que han marcado su mando en Corrientes, Mandisoví y Banda Oriental, haya disipado el prestigio y que V.E. sea conocido, como es la realidad. Su Provincia misma ha tenido el heroísmo de repelerlo; la mía lo ha acogido en sus desgracias, y mi antigua amistad, la consecuencia de que me precio, su conducta paliada y misteriosa le han dado asilo, que hoy hacen su ingratitud y su engreimiento. ¿Qué especie de poderes tiene V.E de los pueblos federados para darle la ley a su antojo, para introducir fuerzas armadas, cuando no se le pide, y para intervenir en absoluto en sus menos operaciones internas? ¿V.E. es el árbitro soberano de ellos o es sólo un jefe de la liga? ¿Porqué tenemos por más tiempo en una tutela vergonzosa? Barsola para reducir vecinos y mis oficiales obran en mi poder, bastarán a convencerlo. Ellas confundirán a V.E. y confesará a su pesar, que la provincia de Entre Ríos no tiene esa debilidad que la atribuye para apaliar su paso del Uruguay, cuya barrera ni necesita su defensa ni corre riesgo de ser invadida por una potencia que tiene mayor interés en dejarla intacta, para acabar la ocupación de la provincia oriental, a la que debió V.E. dirigir sus esfuerzos. Los recelos de V.E. sobre la Convención de Buenos Aires, después de la aprobación y plácemes de los Cabildos, y provincias de la Federación, son un nuevo comprobante que la opinión de V.E. no tiene por su norte la voluntad sagrada de los pueblos. Si en Buenos Aires han aparecido convulsiones después de celebrar aquella, es porque la perfección de una variación política es obra del tiempo, de la fuerza y del convencimiento. Desconfíe V.E. de pueblos que sufren un trastorno taciturno, porque este estado de silencio o anuncia su opresión o es un precursor de un rompimiento violento. Los últimos resultados mostrarán a V.E. la naturaleza de los fundamentos que no ha querido V.E. confesar, porque siempre busca velos que cubran las operaciones de ,os más dejados al descubierto las suyas, para que aparezcan como son, y le hagan perder la opinión que había solo a los servicios y compromisos de los que hoy ultraja sin razón. ¿Qué extraño pues V.E. hallarse pormenores maliciosos en las estipulaciones de los de Buenos Aires ?Es necesario aun haber apostatado de la razón para creerse con discernimiento superior a los demás pueblos, al de nuestros enemigos y al de los jefes que han hecho los tratados. Sus opiniones son en contra de V.E. O sacrifique su amor propio al común, o confiese de buena fe que esas dudas de que aparece V.E. agitado en un claro ardid de V.E.; conocemos que V.E. quiso apropiarse la obra y ejercer un acto de soberanía de que no le han revestidos los pueblos. ¿ Y exige V.E. mi arrepentimiento por no haber operado a este paso de usurpación? Cuando marché a Buenos Aires, anuncié a las provincias que la complicación de aquel gobierno con la Corte del Brasil, amenazaba la ruina de su libertad; V.E no sólo ha vista los fundamentos de mi aserción a este respecto, sino que sabe que desapareció la administración que la causaba. Sus empeños con la Corte de Francia sobre el príncipe Lucas, y la casa de Braganza, se han publicado por la prensa, y se ha abierto el juicio a sus autores. Tal vez muy pronto esté a nuestro cargo el condigno castigo de esa traición. Los primeros pasos y los que se den sucesivos, no han exigido el influjo de V.E. cuyo nombre se invocó alguna vez para mostrarle la consecuencia y la buena fe con que le mirábamos. ¿Qué extraña V.E. después de estos hechos gloriosos y benéficos a la libertad? ¿Qué no se declare la guerra a Portugal? O V.E. no conoce el estado actual de los pueblos o traiciona sus propios sentimientos... ¿Cuál es la fuerza efectiva y disponible de Buenos Aires y las demás provincias para empezar nuestras irrupciones después de la aniquilación a que las condujo una fracción horrorosa y atrevida? ¿Cuál es esa reciprocidad de intereses en hacerla ahora mismo y en hacerla abiertamente? ¿Cuáles sus fondos, cuáles sus recursos? ¿Cuál es una palabra, su poder para repartir su atención, y divertirla del primer objeto, que es asegurar el orden interior y consolidar su libertad? ¿ O cree V.E. que por restituirle una provincia que ha perdido, han de exponerse todas las demás con inoportunidad? Aguarde V.E. la reunión del Congreso que ya se hubiera celebrado a no hallar entorpecimiento de su parte, y no quiera que una declaración formal de guerra con una nación limítrofe, cuando debe efectuar los intereses generales y los particulares de cada provincia, sea la obra de dos o tres pueblos separados que no han debido abrogarse los derechos de la comunidad, ni representarlos sin poderes suficientes para beneficiarios. ¡Qué miserablemente y con qué poca altura se expresa V.E., al creerme desconocido sobre los sacrificios de las demás provincias, y que sus intereses han sido olvidados en el tratado! Recuerde V.E. que se le ha pedido un diputado para el Congreso de San Lorenzo, donde expondrán sus necesidades y sus mejoras. Ellas se han conformado y no presentan agresivo alguno. ¿Tiene V.E., algunos poderes oficiales para expresar sus quejas? ¿O cree V.E. que me dieron algunas instrucciones para comprenderlas en el pacto? La conducta de Santa Fe, el año anterior, sí mereció mis quejas, por no dárseme en tiempo debido parte en la convención en Buenos Aires cuando yo trabajaba en unión y personalmente con ellos. Cuando V.E. ha abierto comunicación con aquellos gobiernos y enviado Diputados a tratar con Buenos Aires, no sé que le haya reconvenido los restantes pueblos a pesar de apellidarse el Protector de ellos y de inclinar sólo la balanza a la Banda Oriental, como si los demás no existiesen en la liga. Mi conducta juiciosa, arreglada y liberal, que mereció la aprobación de los demás pueblos, forma mi satisfacción completa, sin cuidar el concepto que puede merecer a V.E. Mi sistema es el de la justicia y la razón y muy en breve se conocerán los principios en que se funda. El mundo es testigo de mis operaciones públicas y él deber también de la opinión de V.E.; a este respecto yo me apresuraré a publicarla por la prensa y a confesar que sí Entre Ríos, alguna vez se arrepintió de los errores que pueden cometer todos los hombres, hoy se gloria de su acierto y de su resolución. Ciertamente que V.E. no premeditaría hostilidades contra Entre Ríos, si estos heroicos pueblos destruyesen la obra de cien años, sosteniéndose al capricho de un jefe que quiere presidir las provincias misteriosamente sin reconocer a favor de ellas una sola ley. A V.E. debo preguntarle cuál es el sistema que ha propuesto seguir, y si el de la federación, ¿cómo puede V.E. conciliar su conducta con los deberes que ella le impone? Los jefes de Corrientes y Misiones no pueden jamás hacer explicaciones que satisfagan a la nación de la invasión que con sus auxilios se medita contra esta provincia, para solamente promover los intereses personales de V.E. bajo cuyos auspicios han experimentado esos beneméritos habitantes cuantos horrores intentó la crueldad. La Junta General de esas dos pequeñas provincias que han graduado los procedimientos de V.E. qué dirá al verlos desaprobados por la Nación entera? Si V.E. ama a su patria, ceda sin más tardanza al imperio de la razón.


"La confianza que los pueblos le han acordado estaba en conformidad de esa libertad decantado con que V.E. los lisonjeaba. Pero al señalarles que es muy distinto el objeto de V.E. ellos se alarman y deciden sostenerla contra V.E. Si V.E. quiere tranquilizarlos, no los amenace con su poder aparente y busque en tiempo los medios para volver a merecer su amistad. Por mi parte a V.E. que son falsos compromisos que por vulgaridad ha creído firmé en el Pilar contra personas; soy honrado y jamás haberme decidido en secreto. V.E. hace su elogio al mismo tiempo que ataca mi carácter y mi delicadeza; mi patriotismo no necesita la recomendación de V.E. para ser reconocido de mis compatriotas; mis servicios decididos son los que pueden haber dado esa grande importancia que parece disgustar a V.E. porque ella no ha refluído en su beneficio; pero si V.E. quiere ser ingénuo, puede confesar que ha disfrutado de gran parte de mis glorias y sacrificios y que en negarlo descubre con evidencia su ingratitud y su injusticia. Los objetos de Don Mariano Vera y de don Juan Zapada, a carácter de otros fundamentos, están bien aprobados por cartas interceptadas y los documentos tomados a Barzola. Si él ha guardado consideración a V.E. ocultando su comisión, lo han descubierto las instrucciones que recibió. Estos son los verdaderos montaraces de montiel y esa la caridad de V.E. en ocultar los beneficios de una provincia, sin que ella lo exija, presentándose con fuerza armada. De este modo bien podría estar V.E. agradecido a los portugueses por la invasión a su provincia cuando todo el fundamento con que cubren su ambición, es libertad de los males que la cercaban y consultar la tranquilidad de su territorio. Así debe V.E. hacer desalojar esa fuerza extraña de mi provincia, cuya seguridad está confiada a mi cuidado, y al celo del valiente Correa que obra en unión y conformidad de mis instrucciones. Ellas se reducen a no tocar fuera de la provincia de Entre Ríos si no es hostilizado en ella y adoptar las precauciones correspondientes para que no cunda la guerra civil que la fomenta los enemigos exteriores que no penetrará mi territorio sin la ambición y la poca fe de nosotros mismos. ¿Cuál pues, es ese compromiso que sabe V.E. me liga desde el punto del Pilar? ¿Qué influjo puede tener para formarlo una carta amistosa del general Carrera a Don Mariano Vera sobre no comprometerse a favor de nadie mirando por su consideración? Es necesario valerse de antecedentes muy pequeños cuando faltan pruebas convincentes y ciertas. Si los doscientos cuarenta fusiles se desembarcaron en el Paraná, culpe V.E. al dueño de ellos, respecto del que no hubo más seducción ni violencia sinó el interés de pagarle en la cantidad que lo graduó. Por último he dicho a V.E. las instrucciones que llevó Correa. En V.E. está en que lleguen las cosas a un formal rompimiento. Abandone V.E. una provincia que no lo llama, no lo quiere, ni lo recibirá como un americano que busca su refugio sujetándose a las leyes del gobierno que tiene. Conozca V.E el poder, el tiempo y las circunstancias y resuélvase sin tardanza, de nó, hago a V.E. responsable de los males que sobrevengan por querer abusar de una facultad ilimitada que se ha arrebatado sobre cinco años contra la voluntad de los pueblos".
 

FRANCISCO RAMIREZ



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